Entradas

Hasta el momento

Imagen
Manuel se lava los dientes luego de cada comida. Moja el peine por la mañana para aplanar su pelo. Y cuida que las uñas no parezcan sucias. Se baña casi todos los días. Aunque en las tardes de mucho frío sólo se cambia el calzoncillo y limpia sus axilas. El baño enorme no se calienta con una ducha tibia, así que deja caer el agua y después dice que ya está. Sabe escribir su nombre, casi respeta los renglones y, para dibujar, usa todos los colores. Conoce los días de la semana, los meses más o menos, pero entiende que en junio comienza el invierno y es su cumpleaños, además.  Guarda pan en los bolsillos o pedazos de facturas, por si tiene hambre más tarde. También almacena lápices que se hicieron chiquitos, piedras con formas de algo y caramelos que le regalan por ser bueno. Tiene su primer (y único) diente caído, en el cajón de la mesa de luz. Le han dicho que nacerá uno nuevo, pero hasta que eso pase, se resiste a desechar el anterior. Tiende la cama si así lo piden. Barre el lado...

Origami

Imagen
Un dragón de papel no puede escupir fuego, es una cuestión de supervivencia. Éste escupe cálculos matemáticos, por ejemplo. Cinco sextos, más ocho tercios, menos nueve medios, todo al cubo, más diez sextos. Sigue un rato, después despliega sus alas cuadriculadas y salta sobre el sacapuntas, abandonando las operaciones combinadas. Se niega a la oscuridad cavernaria de la cartuchera, por eso busca altura. Trepa a la cima de la montaña, instalando allí su cuartel de lucha. Enfrentará a la serpiente azul, al cocodrilo de doble filo, al pirata con pie de mina. Ganará a veces. A veces se sentirá perdido. Se niega a ser el malo, pero no le han dado tiempo a elegir otro destino.  De lejos llegan las voces del pueblo. Hablan sobre su malicia, su rareza, su pésimo comportamiento. No se defiende, levanta vuelo. Habrá un lugar tranquilo más allá, piensa. Pero sigue en guerra con nuevas figuras fantásticas. Hasta que toque el timbre y se vacíe el aula. Hasta que el murmullo se aleje, llevándose...

El turista

Imagen
Un domingo al mes, el Seba se viste de turista. Se pone ropa colorida y se cuelga al cuello una cámara de fotos que ni sabe cómo se usa. Luego va al centro y pregunta: “¿Qué es eso?”. “La municipalidad”, le dicen. “¿Qué es eso?”. “La catedral”, le explican. “¿Qué es eso?”. “El cuartel de los bomberos…”. A veces hay gente que le cuenta un poco de la historia del lugar, otros le hacen notar detalles de la construcción. Están los que dan su propia opinión sobre las instituciones públicas, los que defienden con maravillosos adjetivos su ciudad y los enojones que fruncen el ceño. Pero siempre hay alguien que le pregunta: “¿Y vos, de dónde sos?”. Comienza, entonces, la mejor parte del domingo. El Seba inventa una tierra lejana (que nunca figura en los mapas), un idioma incomprensible y una profesión tan peligrosa como irreal. Después relata las aventuras que lo trajeron a estas tierras y su interés en conocer la región, para escribir un libro (o hacer una película, o una serie, o un juego de...

Arcilla

Imagen
Antes de hoy, transitaron miles de personas, además animales, y vientos y lluvias. Por eso la arcilla sabe (los que se quedan siempre saben). Reconoce la huella apresurada, la exhausta, la que sólo va de ida. Identifica la humedad del llanto, del sudor, de las heridas. Sabe de comida abandonada, cruda, quemada, venenosa. Y aquella que cruzó aún con vida.    El agua del cielo trajo novedades de lejos, que dejó caer. El agua subterránea conserva sus secretos. El viento despeinó las piedras, desintegrándoles la fortaleza. Pariendo arcilla, polvo, o arena. Los vuelos migratorios agregaron algo, también.  La alfarera, entonces, hunde las manos en el suelo y sabe lo que toca (las manos siempre saben). Reconoce la historia. Pide permiso para darle nueva forma. Acceden los que entienden, callan los que no aprueban. Ella disuelve, revuelve, tuerce, oscurece y cuece. Pero no resulta un pinocho reclamando piel y mortalidad a su padre. Surge una pieza silenciosa que sabe toda la cron...

Especial

Imagen
Para el día especial le habían comprado zapatillas. Y una remera y un pantalón. Le habían lavado la mochila que usaba en la otra escuela y habían forrado sus carpetas con dibujos de autos de carrera. Además tenía una regla larga con la figura del hombre araña, no cualquiera, el que estaba en los cines.   La mañana pintaba fresca, pero se negó al buzo, quería lucir la ropa nueva aunque tuviera mangas cortas. Por eso llegó moqueando a la fila, no por otra cosa. Pero no supo explicar. No pudo. Cuando terminó de acomodarse en aquella línea de seres desconocidos, sintió que se burlaban de su nariz goteando, de su falta de pañuelo, de su nula reacción a los comentarios. La maestra ordenó un silencio general y lo mandó al fondo, “porque sos muy alto”. Pero era mentira, apenas podía ver quién hablaba junto a la bandera. Se quedó al final de una hilera extranjera limpiándose los mocos con la manga. Escuchando lo que comentaban los adultos que lo miraban mal. “Es un poco especial, el nuevo”,...

El personaje

Imagen
El actor se maquilla y el personaje sonríe. Aplica un poco más de blanco, repasa los labios, acentúa las líneas. El cosquilleo en el estómago se va transformando en nudo, luego en retorcijón. Un vasito para pasar los nervios, piensa y toma dos, tres, cuatro. Ahora le pesan los ojos.  Cuando llaman a escena el personaje se presenta. Proyecta la voz, se mueve en diferentes planos, comprenden sus expresiones en la fila cuarenta. Se luce y por eso el público aplaude. Hace una reverencia sobreactuada y un agradecimiento sincero. Pero sólo uno. Entonces desaparece. No puede quedarse para el segundo saludo, debe correr al camarín antes que el actor despierte. 

ventana de tiza

Imagen
  Mateo usa tizas de colores para dibujar una ventana sobre la pared de su pieza. En ella garabatea una plaza con árboles y juegos. Con hamacas, porque es lo que más le gusta. Con un tobogán enorme y un pasamanos bajito, para que no sea tan difícil. Termina y sale a disfrutar lo dibujado. La sombra fresca de los árboles, la posibilidad de repetir y repetir su paso por los juegos.  Otro día pinta un mar azul-celeste-blanco. Con espuma suave en la costa y oleaje alto detrás. Con barcos que pasan muy lejos, pegados al cielo sin nubes. Él se mete en la orillita porque mucho no sabe nadar y casi siempre olvida dibujar salvavidas. Se moja hasta la cintura y, de tanto en tanto, hunde la cabeza (como alguna vez le enseñó mamá). También le gusta hacerse milanesa, construir castillos sin balde y abrir canales para que transite el agua salada. Después se sacude la arena y vuelve a entrar a su pieza.  Los días que está triste marca estrellas en un cielo nocturno. Gasta la tiza blanca...

Mirada

Imagen
  Hablar con los ojos a falta de palabras. Mirar hasta agotar el discurso. Intentarlo, por lo menos. Contemplarte como sombra larga, como cristal, como espejo. Saborearte, entre pestañeo y pestañeo… Ella probó con sonidos torcidos que nadie comprendía. Provocaba risas. Señaló sus afectos, buscó su costado, levantó los brazos (porque inevitablemente se hallaban más alto). Abrió y cerró sus manos, como si un imán humano pudiera atraer a quienes más quería. Pero no resultó bien. Los otros, esos otros allá arriba, no entendían. Cuando aprendió a escribir y a expresar con diccionario sus sentimientos, ya no estabas aquí para leerla. Pero debés saber que redactaba cartas a tu nombre y las guardaba, luego, en un cajón. Como si fuera un buzón del que vos pudieras retirar los mensajes.  Te quiero, dijo y no lo dijo mientras te miraba. Te acarició con los ojos y encerró el infinito en un instante. Entonces alguien sacó una foto cargada de palabras.

vas esperando

Imagen
Durante el viaje habla con el cielo. Le pide prudencia a la lluvia, piedad al sol, madurez al viento. Descifra nubes rosadas en medio de un mar de lava, hacia el final de la tarde. Después cuenta estrellas. Lee como diario de ayer lo que va acumulando en el espejo retrovisor. Entiende las tormentas que, en el frente, se dibujan a lápiz y se esfuman con el dedo. Por eso sabe cómo estará el tiempo en la ruta, antes de doblar o cruzar el peaje. No le asombra que el cielo pregunte: ¿Dónde vas? ¿Con quién? ¿Hasta cuándo? No le llama la atención que cuestione, que retruque: ¿Cuál es el propósito? ¿Cómo crees que saldrá? ¿Qué vas esperando? No le miente al contestar, sería inútil. De vez en cuando se evade. Silencia frases por vergüenza, también por desconocimiento. A veces, simplemente, ignora la respuesta. En el horizonte, el cielo promete cercanía. Allá, donde el camino se pierde. Cuando llegues, hablamos, dice. Y usa la misma frase que lo expulsó hace unos días. Toma la bifurcación, el ca...

Formas

Imagen
Se tira en el pasto a mirar el cielo. Busca formas en las nubes. Ve caballos, patos, bicicletas, termos de tereré. Cuando le dicen que debe levantarse sigue viendo cosas en las manchas verdes que quedan en la ropa.  Encuentra objetos, gente, animales, seres fanáticos. En la borra de la chocolatada, las salpicaduras de salsa, las aureolas del vaso helado, las migas dispersas del pan. No hay modo de aburrirse en la mesa. Tampoco en los caminos, donde las sombras muestras más de lo que sus amos piensan. El árbol proyecta formas de tortuga, de escarabajo, de miedo. El poste tiene sombra de termómetro, y no hay modo de ocultarlo. Las cúpulas arrojan perfiles de tetas, aunque la reten por decir eso.  Las grietas del piso marcan contornos. No adivinan el futuro ni envían mensajes de ultratumba, sólo juegan, dice. La humedad de la pared habla. La gotera del bidet. El tornasolado de la madera vieja. Los tres colores de las gatas.  ¿Qué hay acá?, pregunta el terapeuta mostrándole l...